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¿Vale la pena salir a manifestarse?

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Manifestarse y salir a la calle parece una pérdida de tiempo. Esta es la respuesta a una carta personal donde me decían que no valía la pena, que solo estábamos causando problemas:
Estoy de acuerdo contigo, es nuestra responsabilidad como mujeres (y diría yo que de todos los ciudadanos que quieran vivir en un mundo justo y en paz), la de implementar e impulsar la paz.
Sin embargo, estoy en desacuerdo con tu idea de que la manifestación y la protesta incitan a la violencia y que la mejor manera de pelear contra la injusticia es haciendo bien nuestro trabajo y ser ciudadanos modelo. Puedes imaginarte ¿qué hubiese ocurrido si Rosa Parks hubiera pensado, “mejor me quedo sentada en mi lugar dentro del autobús, para qué causar disturbios”? ¿qué sería hoy de nuestro mundo si Martin Luther King se hubiera dedicado únicamente a informar y dar discursos desde una iglesia, en vez de salir a la calle, hablar con la comunidad y dirigirse directamente a la autoridades por las injusticias que existían? Se dice que Cristo mismo dijo “A los tibios los escupiré de mi boca”. No podemos ser tibios ante la verdad.
La paz no existe sin justicia, el racismo y la discriminación no terminan si solamente nos enfocamos en hacer bien nuestro trabajo y optamos por no causar ruido ni disturbios. La paz se gana, la paz se forja. Y sí, esto hace ruido. Son justamente estos derechos, el de la libertad de expresión y la libre asociación, por los que debemos de luchar y manifestarnos. Esto no es un llamado a la violencia. Es un llamado al valor y al compromiso con el prójimo.
Mencionas que como inmigrantes no deberíamos de “darnos el taco de venir a otro país y exigir lo que no nos dan, ni tenemos en nuestro país de origen”. Disculpa, no venimos como esclavos. Venimos como trabajadores.
Justamente escogimos este país porque confiamos en sus principios e instituciones. ¿Le dirías eso mismo a un cubano que haya dejado la isla? ¿Le dirías que se calle ante las injusticias y el racismo, que mantenga la armonía, porque no es justo pedir lo que antes no tenía? Sería irónico e injusto.
Los mexicanos abandonamos nuestro país por la falta de oportunidades que la corrupción y la demagogia han creado. Nos vamos porque es nuestra prioridad buscar oportunidades para trabajar en paz y con una esperanza de salir adelante con nuestras familias.
Cuando vemos que el lugar que hemos elegido como hogar se ve amenazado por un líder mentiroso, racista, misógino, corrupto e inepto, es nuestro deber y responsabilidad para con este país y esta sociedad que nos ha permitido florecer, defender los principios por los que se fundó. Es lo mínimo que podemos hacer como personas responsables.
Pedirnos silencio es pedir que seamos cómplices en la creación de un régimen que atenta contra los principios de la verdadera democracia y la justicia.
Piensas que estamos complicando algo que ya está resuelto. No, te equivocas. La democracia no se trata de votar y sentarse en casa a contemplar lo que sucede. La democracia requiere de la participación ciudadana todos los días. Somos nosotros, los individuos, los que llevamos la carga de vigilar y exigir que nuestro gobierno represente los valores y necesidades de la sociedad.
La complacencia de sentarnos a ver qué pasa y dejar que las cosa fluyan es un falso privilegio que sólo aquellos que viven con la mira en sus propias necesidades egoístas se pueden dar.
El optimismo no puede existir basado en falacias e ilusiones. No puedo pensar que este cambio nos beneficiará a todos porque yo baso mi juicio en evidencias, no en slogans y retóricas populistas que únicamente sirven para nublar los hechos. ¿Crees que con solo decir Make America Great Again, ya todo se resolverá? are you kidding me?
Los hechos hablan más que mil palabras. Si algo he aprendido gracias al gobierno mexicano es a no confiar en discursos. Vemos obras y vemos dónde se va el dinero. Ahí es donde están las realidades, y en base a esto es donde puedo forjar un juicio. No en papeletas ni anuncios televisivos.
Hasta este momento este gobierno no ha demostrado ni una sola vez una acción concreta a favor de la paz, la justicia social, el desarrollo económico justo, los derechos de la mujer o de las minorías, etc. Ni siquiera ha demostrado entender de qué forma se originan las leyes o cuáles son las responsabilidades del puesto. (Si encuentras un ejemplo, por favor, compártelo).
Pero en cambio, sí ha demostrado con acciones que nos presagian un sombrío y preocupante porvenir. Al no entregar sus declaraciones de impuestos, al no deslindar a su familia de los negocios, al nombrar a ejecutivos sin experiencia o preparación para puestos de extrema importancia, habiéndose burlado de gente discapacitada, de mujeres, de líderes civiles, etc. demuestra sus valores y prioridades, y no son estos los que yo, ni otros muchos millones de ciudadanos, compartimos.
Estos son los hechos. No encuentro nada ahí para sentirme optimista, ni darle una oportunidad.
En cuanto a invertir nuestro tiempo informando, querida amiga, esta es mi profesión. Mi trabajo y mis obras hablarán por sí mismas. Ahí no puedo yo ser juez acerca de mi efectividad o impacto. Pero puedo decirte que mi corazón y mi tiempo los he dedicado desde el primer día que puse pie en este país, hace más de 25 años, a defender, celebrar y preservar la cultura y la dignidad del pueblo donde nací.
Si algo he aprendido en este país, es que no podemos sentarnos y callar a esperar que las cosas cambien. Lo que ocurre hoy en México es un resultado directo de la pasividad, indiferencia y falta de convicción de los muchos que por miedo prefirieron un gobierno malo a otro por conocer. Es obra de los pocos que se han beneficiado de esta misma corrupción y han pedido a las masas, no hacer disturbios, aguantar y ser positivos.
Yo no pienso ser uno de ellos.

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