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Residente es el Juglar del mundo: su nuevo documental estrena en SXSW

 

El juglar era un artista que vagaba de reino en reino para descubrir historias, compartir hazañas y, de forma disparatada y creativa, entretener a los pueblos y nobles. El juglar era un espíritu libre que se apoderaba de la palabra para crear realidades y descubrir sentidos.

René Pérez Joglar, etimológicamente su apellido materno viene del mismo orígen que el juglar, del latín “ioculāris”. Y es que el artista, conocido como Residente, la otra cara de la banda Calle 13 que tras más de una década recolectó con su agrupación 25 premios Grammys y transformó la escena de la música latina, encarna el espíritu juguetón, rebelde e irreverente de los juglares de antaño.

En su nueva fase, un proyecto individual, de índice personal, pero realizado en colectivo, Pérez Joglar va en busca de su herencia genética y en el proceso nos descubre el orígen y el entretejido de nuestra propia humanidad.

Plasma esta búsqueda en su documental, Residente, que se estrenó este mes y se exhibió como parte de la muestra oficial del Congreso SXSW en la ciudad de Austin.  

El artista nos lleva a un recorrido por Siberia, el Cáucaso (Serbia y Geogia), China, Ghana, Burkina Faso y finaliza en su hogar en Puerto Rico. Escoge estos países tras analizar los resultados de un análisis de ADN que rastrea su herencia genética. “Escogí los países que menos imaginé que tendrían mi sangre”, dice.

El recorrido, a través del documental, nos lleva a entender que “todos somos igual de pequeños” y que la música, siempre presente en la historia y expresión cultural, puede ser la llave para encontrar un entendimiento más profundo de nuestra propia humanidad y nuestro origen común.

Cada país es una melodía y el desarrollo de una idea sobre la identidad, la realidad histórica y el estado de la cultura. Hay que destacar que el artista trata con respeto y humildad la herencia de cada lugar, centrándose en las historias personales de quienes le abren la puerta. Aunque la excelente fotografía de Alejandra Posada nos quisiera recordar un episodio de National Geographic, Residente nos nos deja ser turistas, nos invita a conectarnos y ver a través de los ojos de quienes viven, y cantan sus propias historias. “Hay que escuchar a los que pierden”, dice, porque “su única arma es cantar”.

Comenzamos el recorrido en Tuva, en Siberia cerca de Mongolia. Seguimos a un cazador que va en busca de su presa, vemos su arma y el respeto del ritual por el animal vencido. Residente, se dirige al bosque con su propia arma, cuaderno y pluma. “Escribo para ser otra persona, para que nadie me encuentre”, dice mientras explora el silencio en este ambiente aislado de las urbes y la rapidez de la modernidad.

Ahí comenzamos a entender parte de lo que ha hecho en su carrera como artista, de los tiempos de Atrévete-te-te a este nuevo proyecto musical como solista, Pérez Joglar nos ha querido ir destetando de la música pop comercial. Pero hay que hacerlo poco a poco, dice. “A mi no me gustaba la leche, entonces mi madre le ponía chocolate, y cada vez le ponía menos, y menos, hasta que ya casi no tenía nada y yo ya estaba tomando leche”.  Su carrera musical, este documental, nos da más leche y menos chocolate. Pero lo hace de forma que quedamos enganchados.

No cualquiera logra hablar de guerra, abuso, masacres, opresión y colonialismo y llenar estadios al mismo tiempo. Se necesita entender el ritmo,  la composición de lo que mueve y le habla directo a la gente. Hace falta entender la variación y colorido del lenguaje hablado y de la música para que “el disparo sea limpio al corazón”.

En su parada en China, vemos más claramente cómo cada idioma es un reflejo de una experiencia totalmente diferente de vivir. Al pedirle a los cantantes de la Ópera de Pekín que canten una melodía, Pérez Joglar se enfrenta a esta  barrera: “lo que en mi idioma me toma un minuto explicar, lleva una hora hacerlo en su idioma”, bromea.

Pero al final la melodía gana, es en el sonido donde se encuentran las culturas y él logra explorar y presentar su visión de China. Un mundo en el que la modernidad empuja a una cultura milenaria, donde el colectivismo y el individuo se ven a los ojos como “el grillo que quiere ser dragón”.  El balance de los contrastes matiza su documental y le da sabor a la experiencia musical que resulta de sus colaboraciones con músicos, cantantes y productores nativos de  cada lugar.

Es de resaltar la presencia femenina en la producción. En cada parada del viaje nos encontramos con coros, solistas y entrevistas a la mujer. Al preguntarle si esto es intencional, premeditado, o cuál es el papel de la mujer en su producción Residente se sorprende un poco “estoy rodeado de mujeres en mi vida”, responde como si lo común siempre fuera dar este espacio a la mujer dentro de la música hip hop o rapera. “El documental no es sobre las mujeres, pero estas mujeres están dando voz y poder, y yo necesitaba sus hermosas voces. No fue un accidente, pero no fue como que lo estaba pensando así, fue algo orgánico”.  

Esta naturalidad de contar la historia como es, no como quisiéramos que fuera se da en varios turnos. La sangre predomina visualmente en los rituales de caza, en los sacrificios animales  del ritual en África, en la pelea de gallos en Puerto Rico. La sangre se derrama, pero no con morbo, si no como parte de la historia de la cultura y tradición. La sangre se derrama porque también es parte de la historia de las guerras, y el documental al final habla profundamente de la guerra, la interior y la externa.

Pérez Joglar dirigió el filme. Casi de casualidad, por obra de necesidad cuando el director original se marchó. Pero esta es la versatilidad del artista, que puede surgir de lo que él mismo reconoce como un déficit de atención. De niño, decía al principio de la obra “casi siempre entendí todo a la mitad”,  si algo no acaparaba su atención más de 3 segundos era desechado. Pero esta condición lo ha hecho multidimensional, artísticamente él ha hecho de todo. Pero también reconoce él que la impulsividad y el espíritu rebelde le lleva a meterse a decir cosas que nadie esperaba de él, pero que tal vez debían. Como cuando llamó “un hijo de su” a Luis Fortuño gobernador de Puerto Rico, por las medidas de austeridad aplicadas en la isla.

Pero quien haya escuchado sus discos ya no debería sorprenderse. Perez Joglar no tiene pelos en la lengua, y menos cuando se trata de hablar de Puerto Rico. “Hemos aguantado cien años de colonización sin perder nuestro acento”, dice, “lo único que es nuestro es el orgullo”. La isla es la parada final en el documental. Es el lugar donde se mezcla todo, indígena, europeo, africano y demás pueblos. Así como en la sangre de Residente, la isla cuenta la historia de una colonia, de una opresión y su lucha por la independencia.

Una lucha saboteada por los poderes económicos. Como la música auténtica ante la industria del pop masivo. La lucha del artista por autenticidad  y autonomía, es eco del conflicto de una nación bajo la tutela y control económico de un super poder.

Residente encuentra en este documental su ópera más elaborada. Esperamos con ansias el disco que nos permita llevarnos a casa la fusión de todas estas voces. Como dice él “todos somos pequeños, pero somos capaces de trabajar en equipo para tejer algo infinito”.
¡En buenahora juglar del mundo! Como decimos los mexicanos “Eres mi gallo”, la casta te viene de “monteadentro” porque ya lo traes en la sangre.

 

Residente, el documental es una colaboración de Pérez Joglar con Marc de Beaufort, edición de Rebeca Adorno, y es una producción de Story House, de Fusion Media Group. El documental se presenta el jueves 16 en el Zach Theater en Austin, y el espectáculo musical será en la noche del mismo día en las orillas del lago Lady Bird. 

Más informes en https://www.sxsw.com/artist/sxsw-presents-latino-resist-concert-presented-voto-latino/

 

Una  muestra de su nuevo sencillo (explícito, claro)

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