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El silencio de los inocentes

Lo hemos visto mil veces en las noticias. “Incendian un auto en protesta”, “rompen cristales en medio de una manifestación”, “agreden”, “golpean”, “roban”, “gritan”, “se enfrentan con violencia”. Estos son los encabezados en los medios cuando hablamos de los latinos y nuestras manifestaciones.

Esto es lo que esperan de nosotros.

Esta es la manera en que justifican los arrestos, detenciones y, finalmente deportaciones.

Llamarnos criminales es la forma en que pueden cerrar los ojos ante nuestra humanidad.

No podemos darles esa ventaja.

Mañana te invito a que seamos EXTREMADAMENTE pacíficos, respetuosos e inclusive, silenciosos.

Nuestra presencia, nuestros posters o pancartas deben hablar por nosotros.

Nuestra seriedad y determinación son suficientes para llamar la atención de los medios.

Que no haya ninguna oportunidad decirnos vándalos, criminales, destructores.

Venimos a que se nos reconozca, a que nos dejen vivir en paz, y así debemos actuar.  PACÍFICAMENTE. Sin provocar. Con dignidad por nosotros y nuestras ideas.

No creas que esta estrategia no tiene impacto.

En 2013, un hombre en Turquía, Erdem Gunduz se paró en la plaza Taksim en total silencio. Sin moverse. Poco a poco otros se fueron uniendo. La protesta silenciosa logró acaparar la atención mundial por que rompía con todo lo preconcebido. El silencio y la inmovilidad mandaban un mensaje claro: no me voy, estoy aquí, observo.

Ya antes Ghandi y Martin Luther King habían utilizado la fuerza de la resistencia no violenta.

La resistencia no violenta, decía King, no busca humillar o vencer al oponente, pero ganarse su amistad y su entendimiento. El boicot no es el fin en sí mismo. Es una manera para poder despertar el sentido de la vergüenza dentro del opresor, pero debe de finalizar en la reconciliación.

Al final, debemos buscar poner una cara humana con la cual la mayoría de la gente se pueda identificar. Debemos buscar los valores y las emociones que nos unen.

Debemos buscar incitar a que se pongan en nuestra posición y puedan ver a través de los ojos de un inmigrante, el dolor y el sacrificio de la patria perdida y la tristeza de tener una familia dividida.

Nuestra protesta no puede ser agresiva. Necesitamos aliados, no enemigos.

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