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CRÓNICA DE UN INCENDIO ANUNCIADO

Mucho antes de que cayeran las torres gemelas, un incidente catastrófico sirvió para incitar una nueva guerra.
En febrero 27 de 1933, el Parlamento Alemán se consumió en un incendio. El gobierno de Adolf Hitler rápidamente acusó a los comunistas de intentar acabar con el estado alemán, y a esto se le conoce hoy como el “Incendio del Reichstag”.
El incidente, como en su momento lo logró también el ataque de septiembre 11 en los Estados Unidos, le dio al gobierno la oportunidad de declarar un estado de emergencia y conceder poderes extraordinarios al estado nazi para supuestamente poder proteger a sus ciudadanos de los grupos terroristas. Se censuró a la prensa, se prohibieron los mítines políticos y las marchas, y se suspendieron las campañas electorales. En práctica, hubo una restricción nacional de los derechos a la libre expresión y la policía recibió una carta en blanco para llevar a cabo investigaciones sobre quienes se sospechaba de traición y terrorismo contra Alemania, explica en sus archivos la Enciclopedia del Holocausto.
No es difícil ver las similitudes en la retórica y la preparación para establecer medidas autoritarias que la Presidencia de Trump está coordinando en este país. Comenzando con el veto migratorio en contra de los 7 países musulmanes acusados de ser incubadoras del terrorismo, el presidente y su gabinete, han comenzado a abogar fuertemente por encontrar un chivo expiatorio que resuelva sus problemas de falta de popularidad y distraiga de la falta de coherencia y competencia de su administración. En cuestión ideológica, muchos alegan, que sus colaboradores ya tenían esta meta a priori antes de tomar el poder.

Algunos analistas, entre ellos Hamid Dabashi, profesor de la Universidad de Colombia, argumentan que la presidencia de los Estados Unidos “se encuentra en un estado de desesperación por demonizar de una vez por todas a los musulmanes y promover la creación de un registro nacional islámico”, escribe en Aljazeera.

La provocación de una guerra santa en contra de los musulmanes que propulse la agenda ideológica y económica, parece ser una amenaza casi ineludible para los Estados Unidos. Pero, esta lucha sería como ninguna otra que ha tenido el país en la historia moderna puesto que, la falta de diplomacia y la actitud engreída y absolutista del nuevo presidente, pondrían al país en una situación muy precaria ante sus antiguos aliados.
Únicamente un evento verdaderamente catastrófico podría motivar a Europa a tenderle una mano de ayuda incondicional al nuevo presidente. Existen, obviamente, intereses económicos y políticos mutuos, que aun con el disgusto de los líderes europeos por el estilo crudo del Presidente estadounidense, proveerían una razón de peso para no abandonar totalmente a su antiguo aliado. Sin embargo, los líderes europeos tendrían que enfrentarse a un fuerte rechazo popular, que solo se vería mitigado por una tragedia.
Las condiciones van tomando forma de manera tempestuosa. El viernes 10, el Presidente firmó tres órdenes ejecutivas que, bajo la bandera de proteger al país de la violencia y el crimen, concederían nuevos poderes a la fuerza policíaca y al departamento de justicia, así como ampliarían y reestructurarían las definiciones de ciertos crímenes.

Al respecto, la organización Amnistía Internacional, se manifestó en comunicado diciendo que “estas órdenes no protegen a nadie, pero crean nuevas penalizaciones que podrían causar que la gente sea perseguida aún más por ofensas incluyendo la resistencia al arresto”.

Cómo y de qué forma se implementarán estas nuevas órdenes está por verse. Lo que es seguro es que ya vemos indicios de censura y desacreditación a la prensa, aumento de la vigilancia y los poderes de la fuerza policía, una afronta directa al sistema de justicia, y la creación de una narrativa alterna donde incidentes no existentes se caracterizan como atentados de terror (Bowling Green o Atlanta) y otros, que claramente lo son (como el ataque en Quebec) son ignorados o no recordados (como la mención de la población judía en el pronunciamiento sobre el Holocausto). La presidencia va entretejiendo una narrativa acorde a sus fines y va moviendo las piezas en el tablero que necesitará para concretarlos.
Tendremos que vigilar que el pánico no se apodere de nuestra sociedad, si o cuando, aparezca el Reichstag Fire de esta generación.

Anjanette Gautier. 2017

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